Palabras Iniciales
Buenas. Desde esta columna intentaré exponer periódicamente de la manera más clara, atractiva y equilibrada posible, mi opinión sobre ciertos temas de actualidad; sobre todo relacionados con los medios de comunicación, sus contenidos y la relación que los emisores y receptores pueden tener con estos. No se trata de hacer una triple hermenéutica analizando programas que analizan programas que analizan programas; sino simplemente plantear una postura sobre un tema, teniendo en cuenta todas las aristas que posee, adoptando una posición, pero sincerándola en todo momento. El gran objetivo es generar debate, reflexión, intercambio; es por esa razón que aquellos lectores que quieran, podrán enviar un correo electrónico a lectores@minutosur.com o publicar en el blog www.justoalmedio.blogspot.com . Ahora, luego de la presentación: a los bifes.
Viaje de ida
A no confundirse con el título, eh. No voy a hablar de los efectos de la drogadependencia, sino de las consecuencias de la pérdida de credibilidad. En el caso de un gobierno, si bien es grave, no es totalmente crucial para su supervivencia y es posible salir de la encrucijada que se plantea si la situación económica es buena o tiene perspectivas de serlo, o por lo menos no es tan mala. Para entenderlo mejor recordar la reelección del año 1995. Ahora bien, en el caso de los medios de comunicación, donde la credibilidad es su principal herramienta, una vez pérdida esta no hay vuelta atrás: es un viaje de ida. En términos marxistas clásicos, la Estructura sigue siendo más poderosa.
La novelesca pelea mantenida entre “el poderoso Multimedios” y “el Gobierno progresista”, que dio lugar a una Ley tan necesaria como lamentablemente manoseada, como es la de Servicios Audiovisuales, representa a mi entender un round favorable al oficialismo político actual, ya que las defensas de la gran empresa cultural ante el ataque a sus negocios, se dan desde el plano de los contenidos, muchas veces dejando en descubierto la animosidad contra el gobierno. Para muestra un botón: en la sección DIXIT del número 185 de la Revista “Barcelona”, bajo el título “Diferencias” se ve claramente la diferencia de cobertura que sobre una encuesta sobre la proyección sobre la situación económica hacen por un lado El Cronista y La Nación, publicando el 42% de proyección positiva recabado por Gallup-UCA, y por el otro Clarín, que “informa” que el porcentaje es del 16.
Para mí es una situación muy complicada la actual, ya que no puedo confiar en nadie. No le creo al gobierno que dice defender la Libertad de Prensa, la comunicación comunitaria, y el pluralismo, pero que alimentó el crecimiento del gigante mediático argentino cuando el noviazgo marchaba viento en popa. No le creo tampoco a Clarín que publica cosas como la mencionada más arriba, que ya no me atrevo a repetir; este hecho me llevó a no comprar más ese diario los Domingos, a menos que traiga algún “regalo” como un libro o un CD; ya que me genera un tremendo esfuerzo leer entre líneas para poder separar la paja del trigo, hecho que afortunadamente puedo, pero que realmente en el primer día de la semana no tengo ganas de hacer.
Cabe aclarar que no es mi intención defender a la familia K, ni muchos menos sino simplemente plantear que en este enfrentamiento, más allá de lo que diga la justicia, va a salir más malherido el medio, y porque no los periodistas que en él trabajan, que el gobierno matrimonial, perdón, el matrimonio presidencial.
Como salir de la encrucijada que plantea la pérdida de dinero o la de credibilidad, siendo que la segunda es garante de la primera, por lo menos en lo que a medios masivos privados se refiere, es el gran interrogante de la presente columna. Espero, ansío, deseo, sus opiniones, para lograr una verdadera comunicación, la que no parece ser intención de ninguno de los actores mencionados en el gran culebrón nacional.
*Lic. en Comunicación Social (UNC). Docente de nivel medio de Producción y Gestión Comunicacional, y Marketing y Publicidad. Nativo y residente de Quemú Quemú, La Pampa. Católico Practicante. Noperonista. Hincha de San Lorenzo. Aclaración: El columnista puede no concordar con las opiniones del medio.




